La decisión, sin embargo, estuvo marcada por una división interna, con disidencias tanto por mantener las tasas como por un recorte más profundo.
El presidente de la FED, Jerome Powell, calificó el panorama como “desafiante” ante una inflación aún elevada y un mercado laboral debilitado. Según Powell, esta normalización debería “ayudar a estabilizar el mercado laboral mientras permite que la inflación retome su tendencia descendente hacia el 2 %”.
De cara al futuro, la entidad adoptó un tono más prudente, proyectando solo un recorte adicional para 2026.
Esta cautela se refleja en el mercado, que ahora descuenta menos recortes de los que se anticipaban previamente. Adicionalmente, la FED anunció el fin del proceso de reducción de su balance y el inicio de compras de bonos del Tesoro a corto plazo, por un monto de US$40.000 millones en el primer mes, para incrementar sus reservas y aliviar presiones en los mercados monetarios. Esta inyección de liquidez, junto con el recorte, fue interpretada por analistas como una señal de que se entra en un periodo de condiciones financieras más suaves, aunque la incertidumbre sobre futuros movimientos persiste.










