Esta situación amenaza la seguridad energética del país y la competitividad de su industria. En los últimos diez años, las reservas probadas de gas natural del país han disminuido un 56,6 %, reduciendo la autosuficiencia a menos de seis años si no se incorporan nuevos hallazgos.
Este declive productivo ha obligado a Colombia a incrementar las importaciones, que ya representan el 18,4 % del suministro nacional en 2025.
Esta dependencia del mercado externo ha tenido un impacto directo en los precios: el 1 de diciembre de 2025, el costo promedio de los contratos de gas aumentó un 27,1 %, pasando de US$7,5 a US$9,08 por MBTU. Analistas como Sergio Cabrales advierten que, de continuar esta tendencia, la industria y los consumidores terminarán pagando precios de importación, considerablemente más altos.
Para mitigar el impacto, la CREG está desarrollando mecanismos para contratar gas importado a largo plazo. Sin embargo, la solución estructural, según expertos, pasa por acelerar proyectos de exploración y producción, como el yacimiento Sirius, que podría cubrir cerca del 50 % de la demanda para 2030, aunque su desarrollo enfrenta incertidumbres de costos. Mientras tanto, el Gas Licuado de Petróleo (GLP), del cual el 60 % ya es importado, se posiciona como una alternativa para suplir parte del déficit.










