El panorama económico para Colombia presenta una dualidad. Por un lado, el país se perfila como una de las economías más dinámicas de la región, con un crecimiento proyectado del 2,7 % para 2026 según el Swiss Re Institute, impulsado por el consumo privado, las remesas y salarios reales más altos. La OCDE coincide con una proyección del 2,8 %, destacando la solidez del consumo y una recuperación gradual de la inversión.

Sin embargo, este dinamismo coexiste con serios desafíos macroeconómicos.

La inflación se mantiene como una preocupación central; tras cerrar 2025 por encima del 5 %, las expectativas para 2026 la sitúan en un 4,6 % según la OCDE y un 3,9 % según expectativas implícitas, lo que indica que Colombia sería uno de los pocos países de la región en no cumplir su meta. Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, atribuyó esta persistencia a un exceso de demanda impulsado por un “déficit fiscal muy significativo”, donde “el Gobierno gasta más de lo que recibe”. Esta situación fiscal también presiona la deuda pública, que podría alcanzar el 63 % del PIB en 2026, y eleva el costo de endeudamiento del país, reflejado en el alza de las tasas de los TES.