Tras evadir un intento de abordaje en diciembre cerca de Venezuela, el buque cambió su nombre, pintó una bandera rusa en su casco y se registró en Rusia. A pesar de ello, fue perseguido durante casi tres semanas en el Atlántico Norte y finalmente capturado.

El gobierno ruso denunció la acción como una “intercepción ilegal” y una violación del derecho marítimo, afirmando que un buque bajo su bandera no puede ser abordado por fuerzas extranjeras.

Moscú incluso habría desplegado un submarino y buques de guerra para escoltar al petrolero.

El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, defendió las incautaciones, afirmando que “el bloqueo al petróleo venezolano sancionado e ilícito continúa en pleno efecto, en cualquier parte del mundo”. Estas operaciones se enmarcan en la “Operación Lanza del Sur”, la ofensiva de la administración Trump contra el narcotráfico y el transporte de petróleo sancionado en el Caribe.