Esta región, debido al deshielo, está abriendo nuevas rutas comerciales y exponiendo vastos recursos naturales, como tierras raras, petróleo y gas, lo que la convierte en un punto geoestratégico clave.

La reacción europea ha sido contundente. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha insistido en que “Groenlandia no está en venta” y ha advertido que un ataque contra un aliado de la OTAN sería “el fin de todo”.

Líderes de Francia, Alemania, España y Reino Unido, entre otros, han emitido declaraciones conjuntas exigiendo a EE.

UU. respetar la soberanía danesa y el derecho internacional. La alta representante de la UE, Kaja Kallas, calificó los mensajes de la administración Trump como “extremadamente preocupantes”.

Por su parte, el gobierno autónomo de Groenlandia ha rechazado las “fantasías sobre la anexión” y ha pedido respeto a su pueblo y a su derecho a decidir su propio futuro.