Durante su huida, la tripulación cambió el nombre del navío, pintó una bandera rusa en su casco y modificó su matrícula para registrarlo bajo bandera rusa, en un intento por complicar su intercepción legal.

A pesar de ello, fue abordado y confiscado.

Moscú reaccionó enérgicamente, denunciando la acción como una “intercepción ilegal” y una violación del derecho marítimo internacional, ya que el buque navegaba bajo su bandera en aguas internacionales.

El Ministerio de Transportes ruso advirtió sobre posibles consecuencias diplomáticas. Previamente, Rusia había desplegado un submarino y buques de escolta para proteger al petrolero, aunque no se confirmó su presencia en el momento de la captura. Con estas, ya son cuatro las incautaciones de petroleros que Washington ha realizado desde que intensificó su campaña contra el gobierno de Maduro, en una clara señal de su determinación por controlar los flujos de energía de la región.