La respuesta europea ha sido unificada.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue categórica: “Groenlandia no está en venta”.

Advirtió que un ataque contra un aliado de la OTAN “sería el fin de todo”.

Líderes de Francia, Alemania y Reino Unido respaldaron a Dinamarca, exigiendo respeto a la soberanía y al derecho internacional.

Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció una reunión con representantes de Dinamarca y Groenlandia para abordar el asunto diplomáticamente.