En cambio, Trump señaló que su administración estaba en contacto con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien, aseguró, estaba dispuesta a cooperar.
El plan económico es igualmente directo.
Trump anunció que las “gigantescas compañías petroleras estadounidenses” entrarán a Venezuela para invertir “miles de millones de dólares” en la reparación de la infraestructura energética, que calificó como “gravemente dañada”. El objetivo, según el mandatario, es que la industria petrolera comience a “generar ingresos para el país”, aunque también afirmó que los fondos generados por la venta inicial de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo serían controlados directamente por él “para garantizar que se utilicen para beneficiar al pueblo de Venezuela y los Estados Unidos de América”. El secretario de Energía, Chris Wright, complementó que EE. UU. controlará la venta de petróleo de manera “indefinida”. Estas declaraciones han sido interpretadas por analistas y gobiernos como China como un acto de “acoso” y una apropiación de los recursos venezolanos, reviviendo el debate sobre el imperialismo y la Doctrina Monroe en la región.











