Ha torturado a gente.

Tiene una cámara de tortura en medio de Caracas”.

Esta retórica busca enmarcar la intervención no como una agresión a un Estado soberano, sino como una acción necesaria contra un criminal.

El mandatario estadounidense también hizo comentarios personales sobre Maduro, mencionando con desdén que “intenta imitar un poco mi baile”, lo que sugiere una animosidad que trasciende lo puramente político. Fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron que Trump reaccionó con furia cuando Maduro respondió con bailes a una oferta de negociación previa.

Este discurso sirvió para construir una justificación moral para la operación militar, presentando a Maduro no como un adversario político, sino como un déspota sanguinario cuya remoción era imperativa.