El presidente Donald Trump utilizó un lenguaje personal y sumamente despectivo para justificar la operación militar contra Nicolás Maduro, a quien describió como un “tipo violento” responsable de la muerte y tortura de millones de personas. En sus declaraciones, Trump afirmó que el régimen venezolano operaba una “cámara de tortura” en el centro de Caracas, la cual, según él, ya estaba en proceso de ser clausurada tras la intervención. En un encuentro con legisladores republicanos, Trump detalló su visión sobre el líder venezolano: “(Maduro) es un tipo violento y mató a millones de personas.
Ha torturado a gente.
Tiene una cámara de tortura en medio de Caracas”.
Esta retórica busca enmarcar la intervención no como una agresión a un Estado soberano, sino como una acción necesaria contra un criminal.
El mandatario estadounidense también hizo comentarios personales sobre Maduro, mencionando con desdén que “intenta imitar un poco mi baile”, lo que sugiere una animosidad que trasciende lo puramente político. Fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron que Trump reaccionó con furia cuando Maduro respondió con bailes a una oferta de negociación previa.
Este discurso sirvió para construir una justificación moral para la operación militar, presentando a Maduro no como un adversario político, sino como un déspota sanguinario cuya remoción era imperativa.
En resumenDonald Trump empleó una retórica personal y agresiva para demonizar a Nicolás Maduro, acusándolo de ser un asesino y torturador. Este discurso fue fundamental para justificar la intervención militar estadounidense como una acción moralmente necesaria contra un tirano.