China instó a Estados Unidos a liberar “inmediatamente” a Maduro, calificando el ataque como una amenaza a la paz regional.

Rusia pidió “firmemente” reconsiderar la postura y denunció los “fines hegemónicos” estadounidenses.

En América Latina, los gobiernos de Brasil, México, Colombia y Chile rechazaron enérgicamente la intervención.

El presidente brasileño, Lula da Silva, aseguró que la acción “sobrepasa una línea inaceptable”.

Por otro lado, la operación recibió el respaldo de los gobiernos de Argentina, bajo el mandato de Javier Milei, quien celebró la caída de un “dictador”, y de Ecuador.

Israel también felicitó a Trump, esperando que “regrese la democracia al país”. Las naciones europeas mostraron una postura más cauta; mientras Francia y Alemania señalaron que el pueblo venezolano podría alegrarse del fin de la dictadura, España y el Reino Unido pidieron respeto al derecho internacional, y la Unión Europea llamó a la contención. El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó sobre el riesgo de que la operación siente un “precedente peligroso”.