Este hecho representa la primera intervención militar directa de Estados Unidos en Suramérica en décadas y fue justificado por Washington como una acción de aplicación de la ley contra un “narcoterrorista”. La misión, descrita como “quirúrgica y poderosa”, fue el resultado de meses de planificación de inteligencia. Involucró a más de 150 aeronaves, incluyendo helicópteros, drones y aviones de combate, que operaron desde 20 bases distintas. Un elemento clave fue un ciberataque que cortó el suministro eléctrico en gran parte de Caracas, permitiendo que los comandos de la unidad de élite Fuerza Delta se aproximaran sin ser detectados. Para asegurar el éxito, los militares construyeron una réplica a escala real de uno de los complejos donde se ocultaba Maduro para ensayar el asalto. El propio Trump afirmó haber seguido el operativo en tiempo real, declarando a Fox News: “Lo vi literalmente como si estuviera viendo un programa de televisión”.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, confirmó que la inteligencia recopilada durante meses permitió conocer en detalle las rutinas de Maduro, incluyendo “qué comía e incluso qué mascotas tenía”. Aunque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, informó que cerca de 200 soldados ingresaron a Venezuela, Trump aseguró que la operación se completó sin bajas estadounidenses, aunque reconoció que algunos helicópteros recibieron fuego enemigo.








