Afirmó que hará que las “gigantescas compañías petroleras estadounidenses entren, gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura dañada y empiecen a generar ganancias para el país”.
Además, fue enfático al declarar que Estados Unidos necesita “acceso total al petróleo” y otros recursos para la reconstrucción.
Esta postura ha sido calificada por analistas y críticos en varios artículos como “imperialismo de recursos” y una muestra de que el verdadero interés de Washington nunca fue la democracia, sino el control directo de una riqueza estratégica. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en más de 303 mil millones de barriles.
Aunque su producción ha colapsado por mala gestión y sanciones, su potencial sigue siendo un factor geopolítico clave.
La intervención estadounidense se compara con episodios históricos en países como Irak y Libia, donde el acceso a recursos petroleros fue un factor influyente.
La estrategia de Trump, por tanto, no solo busca un cambio de régimen, sino reconfigurar el sector energético venezolano para alinear sus beneficios con los intereses estratégicos y comerciales de Estados Unidos.












