El mandatario justificó esta medida para evitar un vacío de poder o la llegada de un liderazgo no afín a los intereses estadounidenses. La estrategia de Washington incluye un componente económico central: la reconstrucción de la industria petrolera venezolana, que Trump describió como un “fracaso total”. Anunció que “gigantescas compañías petroleras estadounidenses” invertirán “miles de millones de dólares” para reparar la infraestructura y generar ganancias.
En este sentido, Trump también demandó “acceso total al petróleo y otros bienes” para “reconstruir” Venezuela.
Para asegurar el cumplimiento de sus planes, advirtió que Estados Unidos está preparado para una “segunda ola” de ataques, “mucho mayor” que la inicial, si el nuevo liderazgo en Caracas no coopera. Críticos y varios gobiernos latinoamericanos han denunciado este plan como una violación a la soberanía venezolana y una muestra de “imperialismo primitivo”, cuyo verdadero objetivo no es la democracia, sino el control de las mayores reservas de crudo del planeta.












