Sin embargo, este nombramiento se produce en un contexto de legitimidad disputada. Por un lado, la oposición, liderada por María Corina Machado, exige que Edmundo González Urrutia sea reconocido como el presidente legítimo, basándose en los resultados de las elecciones de 2024, que consideran fraudulentas. Por otro lado, la propia administración Trump, aunque ha desestimado a la oposición, ha abierto un canal de comunicación con Rodríguez, lo que añade una capa de complejidad al escenario. Las declaraciones de Trump sugiriendo que Rodríguez está dispuesta a “cooperar” podrían indicar una aceptación tácita de su rol interino como interlocutora para una transición tutelada, aunque la propia Rodríguez ha exigido públicamente la liberación de Maduro, mostrando una postura de resistencia.