Anunció: “Vamos a tener a nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entrando, gastando miles de millones de dólares, reparando la infraestructura petrolera, que está gravemente dañada, y empezando a generar ingresos para el país”. Esta afirmación fue interpretada por analistas como una prueba de que la operación militar responde a intereses económicos estratégicos, especialmente considerando que Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo. En su discurso, Trump no solo prometió la reconstrucción de la industria, sino que también sugirió un control directo sobre su producción, declarando que buscarán que “el petróleo fluya como queremos que fluya”. Algunos artículos señalan que esta postura refuerza la percepción de que la intervención es un acto de “saqueo” y “colonialismo”, donde el principal objetivo es asegurar para Estados Unidos el acceso a una de las mayores fuentes de energía del planeta, en medio de su pugna geopolítica con potencias como China y Rusia.