En América Latina, varios gobiernos progresistas se unieron a las críticas.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que los ataques representan “una afronta gravísima a la soberanía” y “cruzan una línea inaceptable”. De manera similar, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reafirmó su “compromiso irrestricto con los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en particular el respeto a la soberanía”. Varios de estos países solicitaron una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. En el extremo opuesto, el presidente de Argentina, Javier Milei, celebró la noticia con su lema “Viva la libertad carajo”, mientras que el gobierno de Israel felicitó a Trump por “quitar” al “dictador”. La diáspora venezolana en ciudades como Miami, Bogotá y Madrid también salió a las calles a celebrar, expresando alivio y esperanza por el fin del régimen.
Esta polarización refleja un choque de visiones sobre la soberanía, el derecho internacional y los mecanismos legítimos para resolver crisis políticas.












