El epicentro de esta mediación fue una cumbre de casi cuatro horas con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la residencia de Mar-a-Lago, Florida. Durante el encuentro, ambos líderes discutieron un plan de paz de 20 puntos diseñado para resolver el conflicto. Zelenski se mostró optimista, afirmando que se había logrado un consenso sobre el 90% de los términos del acuerdo. Sin embargo, Trump fue más cauto, reconociendo que el proceso era complejo y que aún quedaban por resolver puntos sensibles, como el destino de la central nuclear de Zaporiyia y las disputas territoriales, especialmente en la región del Donbás. Sobre este último punto, Zelenski propuso la posibilidad de un referéndum, una idea que Trump respaldó como una apertura al diálogo. La estrategia de Trump incluyó una comunicación directa y constante con el presidente ruso, Vladímir Putin. El mandatario estadounidense reveló que mantuvo una conversación “buena y muy productiva” con Putin antes de reunirse con Zelenski y planeaba volver a llamarlo después. Trump expresó su convicción de que era el “momento ideal para terminar el conflicto” y que creía que tanto Putin como Zelenski eran “serios” en su búsqueda de un acuerdo. El encuentro concluyó con un tono positivo y el acuerdo de continuar las negociaciones técnicas y celebrar una futura cumbre en Washington.