Esta declaración se alinea con advertencias previas del mandatario sobre una supuesta "amenaza existencial" para el cristianismo en Nigeria.

Sin embargo, el gobierno nigeriano, aunque confirmó la operación conjunta y la aprobación del presidente Bola Ahmed Tinubu, ha buscado distanciar la intervención de una motivación puramente religiosa. El ministro de Asuntos Exteriores, Yusuf Maitama Tuggar, afirmó que la ofensiva "no tiene nada que ver con una religión en particular" y que fue una acción contra grupos terroristas que afectan a toda la población.

El Comando de África de EE. UU. (AFRICOM) confirmó los ataques en el estado de Sokoto, sin detallar el número de bajas. La intervención ha desatado cuestionamientos, ya que analistas rechazan la categoría de genocidio religioso y señalan que la violencia en Nigeria es compleja y afecta a comunidades de diversas creencias.