Sin embargo, esta narrativa fue matizada por el ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, quien declaró que la ofensiva “no tiene nada que ver con una religión en particular” y que fue una acción contra grupos terroristas que afectan a toda la población. La intervención marca un giro en la política de Trump hacia Nigeria, país al que previamente había criticado por su manejo de la seguridad y había incluido en una lista de naciones que violan la libertad religiosa.