La administración Trump ha ejecutado una agresiva campaña militar en aguas del Caribe y el Pacífico oriental contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, la cual ha dejado un saldo de más de 115 muertos desde su inicio. Bajo la dirección del Comando Sur de Estados Unidos y en el marco de la operación “Lanza del Sur” (Southern Spear), las fuerzas estadounidenses han atacado y destruido más de 30 lanchas, calificando a sus tripulantes como “narcoterroristas” pertenecientes a “Organizaciones Terroristas Designadas”. Los ataques cinéticos, realizados en aguas internacionales, han sido justificados por Washington como parte de una estrategia para desarticular las rutas de trasiego de narcóticos. Sin embargo, la operación ha sido objeto de fuertes críticas. Organizaciones de derechos humanos y líderes como el presidente colombiano Gustavo Petro han cuestionado la legalidad de estas acciones, calificándolas de “asesinatos” o ejecuciones extrajudiciales, dado que se realizan sin un debido proceso.
Las víctimas, según denuncias, incluirían a pescadores y otros civiles.
A pesar de la controversia, el gobierno estadounidense ha defendido su estrategia como necesaria para la seguridad nacional, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, llegó a comparar a los grupos narcotraficantes con Al Qaeda, afirmando que se les caza “con la misma precisión”. Esta ofensiva marítima ha sido el preludio de una escalada mayor, que ahora incluye ataques en territorio venezolano.
En resumenLa campaña militar de EE. UU. contra supuestas 'narcolanchas' ha resultado en más de un centenar de muertes, generando una grave controversia internacional sobre la legalidad y las consecuencias humanitarias de utilizar fuerza letal en operaciones antinarcóticos en aguas internacionales.