A pesar de la confirmación, Trump mantuvo la ambigüedad sobre qué agencia estadounidense la llevó a cabo, alimentando las versiones de que fue una operación encubierta de la CIA ejecutada con drones, posiblemente MQ-9 Reaper.
Fuentes citadas por medios como CNN y The New York Times señalaron que el ataque se dirigió a una instalación remota vinculada al grupo criminal Tren de Aragua y que no se registraron víctimas. La acción se enmarca en una autorización previa otorgada a la CIA para realizar misiones en América Latina y representa el primer ataque terrestre conocido de esta campaña, que hasta ahora se había concentrado en aguas internacionales.
El gobierno venezolano no emitió una confirmación oficial, aunque altos funcionarios como Diosado Cabello denunciaron meses de “locura imperial” y acoso. La Casa Blanca y el Pentágono se negaron a comentar, reforzando el carácter polémico de una operación que eleva la tensión regional y suscita cuestionamientos sobre su legalidad bajo el derecho internacional.












