A través de declaraciones y mensajes en redes sociales, el mandatario estadounidense instó a los hondureños a “votar correctamente” y advirtió sobre posibles consecuencias en la relación bilateral si el resultado no favorecía a su candidato.

Esta postura fue ampliamente denunciada como una injerencia directa en la soberanía del país centroamericano.

El proceso de conteo de votos estuvo plagado de irregularidades, incluyendo fallas técnicas y retrasos prolongados, lo que alimentó las sospechas de manipulación. La presidenta saliente, Xiomara Castro, llegó a ordenar la anulación de los resultados preliminares para una revisión integral, argumentando la necesidad de proteger la voluntad popular.

A pesar de las denuncias, el CNE finalmente declaró vencedor a Asfura. Tras la proclamación, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, se comunicó con el presidente electo para felicitarlo y subrayar el respaldo de Washington a los “objetivos estratégicos” compartidos, consolidando la percepción de una victoria alineada con los intereses estadounidenses en la región.