Una jueza federal bloqueó temporalmente el fin del TPS para sursudaneses, pero la dirección de la política es clara: “no queremos más inmigrantes latinoamericanos”, según afirmó el politólogo Eduardo Gamarra.
Este endurecimiento ha tenido efectos inesperados, como el aumento de las remesas hacia Honduras.
Ante el miedo a una deportación inminente, los migrantes hondureños indocumentados están enviando más dinero a su país como una estrategia de prevención para asegurar sus ahorros y respaldar a sus familias.
Estas remesas, que ya representan más del 25% del PIB hondureño, se han convertido en un pilar de la economía local, aunque los economistas advierten que este flujo no es sostenible a largo plazo. Además, se han revelado planes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para detener hasta 80,000 migrantes en almacenes industriales reconvertidos, buscando acelerar el proceso de deportación y minimizar costos. La política de Trump, que incluye la criminalización de la migración y la amenaza de eliminar la ciudadanía por nacimiento, redefine drásticamente el panorama migratorio en el hemisferio.












