La administración Trump ha restringido con mayor severidad el acceso a combustibles, limitado las transferencias bancarias y cerrado vías comerciales indirectas.
Esta ofensiva se inscribe en una estrategia regional más amplia, donde Washington trata a La Habana y Caracas como un mismo eje a neutralizar bajo la narrativa de “amenazas hemisféricas”. A pesar de la presión de EE.
UU., la comunidad internacional ha mostrado un rechazo mayoritario a estas políticas.
En octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó masivamente a favor de una resolución no vinculante que exige el fin del bloqueo, con 165 votos a favor. Sin embargo, la campaña diplomática de Washington logró que siete países votaran en contra (EE. UU., Israel, Argentina, Ucrania, Paraguay, Hungría y Macedonia del Norte) y doce se abstuvieran, el mayor número de votos en contra y abstenciones en décadas.
La presión estadounidense sobre el petróleo venezolano también se ha identificado como una amenaza que podría agravar la crisis energética y económica de Cuba, que depende de los envíos de crudo venezolano.












