El Comando del Teatro Oriental de China declaró que las maniobras buscan “disuadir” a las “fuerzas externas”, en una referencia directa al apoyo estadounidense. Por su parte, el gobierno de Taiwán condenó las acciones de Pekín, acusándolo de “ignorar las normas internacionales y utilizar la intimidación militar para amenazar a los países vecinos”. Analistas señalan la hipocresía de Taipéi, que no se pronunció de manera similar ante el despliegue naval estadounidense cerca de Venezuela. La movida china es vista como una respuesta estratégica que modifica la correlación de fuerzas en el tablero internacional, obligando a Washington a reconsiderar sus acciones, especialmente en otros frentes como Venezuela. La escalada en el Mar del Sur de la China podría redefinir las prioridades de la política exterior estadounidense, establecidas en su recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional.