Estas declaraciones, realizadas durante un evento en Mar-a-Lago, representan un significativo deterioro en el discurso diplomático entre los dos aliados históricos. La arremetida de Trump se produjo en un contexto de creciente presión estadounidense en la región, especialmente en su ofensiva contra el narcotráfico en el Caribe. El mandatario estadounidense acusó a Petro de "fomentar la producción de cocaína" y afirmó que Colombia alberga "al menos tres importantes fábricas de cocaína" que deben ser cerradas "rápido". Trump, aunque matizó diciendo "Amo al pueblo de Colombia.

Son geniales", insistió en que su líder "no es amigo de Estados Unidos" y es "un tipo muy malo". Estas críticas se suman a acciones previas de Washington, como la retirada de Colombia de la lista de países cooperantes en la lucha antidrogas y la imposición de sanciones a Petro. En respuesta a esta escalada verbal, el secretario de Estado de EE.

UU., Marco Rubio, intentó calmar las aguas afirmando que Washington no permitirá que la "actitud inestable" de un "individuo" afecte la "alianza histórica" entre ambas naciones. Rubio subrayó que la relación es una "asociación estratégica muy importante" y que, aunque esperan trabajar de forma más cooperativa con el próximo presidente de Colombia, no romperán los canales de diálogo. La confrontación verbal se da en un momento en que Petro ha criticado abiertamente las operaciones militares de EE. UU. en el Caribe, denunciando posibles violaciones de derechos humanos.