Según el mandatario, el grupo extremista ha estado “atacando y asesinando brutalmente, principalmente, a cristianos inocentes”.
Esta acción militar, la primera de su tipo en Nigeria bajo su mandato, fue presentada como una respuesta directa a lo que Trump había calificado previamente como una “amenaza existencial” para el cristianismo en la nación africana. La operación incluyó el lanzamiento de misiles Tomahawk desde un buque de la Armada estadounidense en el Golfo de Guinea y fue coordinada con el gobierno nigeriano, según confirmó el Comando de África de Estados Unidos (AFRICOM). Sin embargo, la narrativa de una persecución exclusivamente religiosa fue matizada por las propias autoridades nigerianas. El ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, Yusuf Maitama Tuggar, afirmó que la ofensiva “no tiene nada que ver con una religión en particular”, sino que fue una acción conjunta contra grupos terroristas que afectan a ciudadanos de todas las creencias. Esta divergencia en el discurso generó polémica y cuestionamientos sobre los verdaderos intereses de Estados Unidos en la intervención, más allá de la justificación humanitaria y religiosa expresada por la Casa Blanca.












