Estas declaraciones, realizadas en un evento en Mar-a-Lago, marcan un nuevo punto de fricción en la relación bilateral. En su discurso, Trump acusó a Colombia de albergar “al menos tres importantes fábricas de cocaína” y exigió su cierre inmediato, reiterando que Petro “fomenta la producción de cocaína” y lo describió como “un tipo muy malo” y “no amigo de Estados Unidos”. A pesar de la dureza de sus palabras hacia el mandatario, Trump intentó matizar su mensaje dirigiéndose a la ciudadanía: “Amo al pueblo de Colombia.
Son geniales, energéticos, inteligentes, pero su nuevo líder es un alborotador”.
Estas afirmaciones se producen en un contexto de creciente presión militar estadounidense en el Caribe, justificada como una ofensiva contra el narcotráfico, y en el que Trump ha insinuado que Petro podría ser “el siguiente” después de Maduro. La tensión se ha visto agravada por las críticas de Petro a las operaciones militares de EE. UU. contra 'narcolanchas', que ha denunciado por causar más de un centenar de muertes. En respuesta, el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó calmar la situación, afirmando que la “actitud inestable” de Petro no afectará la alianza histórica y que Washington esperará a trabajar con un nuevo presidente colombiano.












