Washington ha adoptado una postura más confrontacional para limitar la creciente influencia global de Pekín, lo que ha redefinido alianzas y generado nuevas tensiones internacionales.
En América Latina, Estados Unidos busca reafirmar su hegemonía histórica, modernizando la Doctrina Monroe a través del llamado "Corolario Trump". Esta estrategia se enfoca en limitar la presencia "extranjera hostil" en la región, en una clara alusión a China, que se ha convertido en un socio comercial y financiero clave para muchos países latinoamericanos. Washington ve con preocupación la expansión de la influencia china a través de inversiones en infraestructura y energía, considerándola una amenaza a su seguridad. La disputa por Groenlandia es otro claro ejemplo de esta rivalidad. El interés de Trump en la isla no es solo por sus recursos, sino para impedir que China consolide una base económica y potencialmente militar en el Ártico, región que Pekín ha incluido en su iniciativa de la "Ruta de la Seda Polar". La tensión también es palpable en el tema de Taiwán. La aprobación por parte de EE. UU. de un paquete de armas por 11.000 millones de dólares para la isla ha provocado una dura reacción de China, que lo considera una injerencia en sus asuntos internos y ha advertido sobre el riesgo de un enfrentamiento. Además, el Pentágono ha añadido a empresas tecnológicas chinas como Xiaomi a una lista de colaboradores del ejército chino, una medida que busca restringir su acceso a proveedores estadounidenses.












