El persistente interés del presidente Donald Trump en anexar Groenlandia a Estados Unidos, que inicialmente fue visto como una excentricidad, se ha consolidado como una estrategia geopolítica de Washington para contrarrestar la influencia de China en el Ártico. La reciente designación de un enviado especial para la isla ha provocado un nuevo choque diplomático con Dinamarca, que defiende su soberanía sobre el territorio. El interés de Trump, manifestado por primera vez en 2019 con su propuesta de "comprar" Groenlandia, se fundamenta en la creciente importancia estratégica de la isla. El deshielo del Ártico está abriendo nuevas rutas marítimas y facilitando el acceso a vastos recursos minerales, como tierras raras, uranio y zinc, cruciales para la industria tecnológica y de defensa. Washington ve con alarma el avance de China en la región, que ha incluido Groenlandia en su iniciativa de la "Ruta de la Seda Polar" y ha financiado proyectos de infraestructura y minería.
Para EE.
UU., permitir una presencia consolidada de Pekín tan cerca de su territorio es inaceptable. En una escalada reciente, Trump nombró a Jeff Landry, gobernador de Luisiana, como enviado especial para Groenlandia, una medida que reafirma sus intenciones.
La reacción de Dinamarca fue inmediata y contundente.
El ministro de Relaciones Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, se declaró "profundamente indignado" y convocó al embajador de EE.
UU. para exigir respeto por su soberanía territorial.
A pesar de la controversia, Trump ha insistido en que Estados Unidos "necesita" Groenlandia por "motivos de seguridad nacional", consolidando la isla como un punto clave en la disputa global entre Washington y Pekín.
En resumenLa intención de Donald Trump de incorporar Groenlandia a EE. UU. ha pasado de ser una propuesta controvertida a una política exterior activa, motivada por la competencia con China por los recursos y la influencia en el Ártico. El nombramiento de un enviado especial ha generado una crisis diplomática con Dinamarca, un aliado de la OTAN, que rechaza firmemente cualquier cuestionamiento a su soberanía.