UU. ha interceptado y confiscado al menos tres buques petroleros (Skipper, Centuries y Bella 1) que transportaban crudo venezolano, en una acción que Caracas ha calificado como "piratería" y "robo descarado". El presidente Trump ha sido explícito sobre sus motivaciones, declarando que Venezuela "se apropió" del petróleo estadounidense y que su gobierno lo quiere "de vuelta". Además, ha ordenado un "bloqueo total y completo" a los petroleros sancionados que entren o salgan del país, acusando al gobierno de Maduro de usar los ingresos del crudo para financiar "narcoterrorismo, trata de personas, asesinato y secuestro". La estrategia de Washington también incluye la designación de Venezuela como una organización terrorista extranjera y la acusación de que Maduro lidera el "Cartel de los Soles".

Esta escalada ha provocado una fuerte reacción internacional.

China y Rusia han denunciado las acciones de EE. UU. ante la ONU, calificándolas de violaciones al derecho internacional y de tener una "conducta de cowboy". Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que una intervención militar en Venezuela desataría una "catástrofe humanitaria".