En un discurso que también incluyó advertencias a líderes latinoamericanos, Trump presentó el plan para desarrollar dos nuevos buques de guerra que, según él, serían “100 veces más poderosos” y “100 veces más grandes” que los actuales.
Estas embarcaciones, descritas con una apariencia similar a la de un crucero, estarían equipadas con misiles y un arma láser, diseñadas para “inspirar miedo a los enemigos”.
El mandatario aseguró que liderará personalmente, junto a la Marina, el diseño de esta nueva “Clase Trump”. La iniciativa surge como respuesta a las críticas del propio Trump sobre el estado actual de la flota estadounidense y su deseo de exaltar el poderío naval del país. El anuncio de esta “flota dorada” se enmarca en una estrategia más amplia de proyección de fuerza militar, que coincide con el aumento de la presencia naval en el Caribe y otras operaciones en el extranjero. La construcción de estos barcos simboliza el esfuerzo de la administración por dejar una marca duradera en las fuerzas armadas, asociando directamente el nombre del presidente con la modernización y la capacidad de disuasión militar de la nación.












