Para Washington, una consolidación china en un territorio tan cercano era inaceptable.

El deshielo del Ártico, que abre nuevas rutas marítimas polares, añade una capa de complejidad, ya que China busca incluir la región en su “Ruta de la Seda Polar”. En respuesta a esta dinámica, la administración Trump ha reforzado su presencia, reabriendo el consulado en Nuuk y nombrando a Jeff Landry, gobernador de Luisiana, como enviado especial para Groenlandia.

Este nombramiento ha generado un nuevo choque diplomático, llevando a Dinamarca a convocar al embajador de EE.

UU. y a exigir respeto por su soberanía. Trump ha defendido la medida, insistiendo en que Estados Unidos “necesita” Groenlandia por su ubicación estratégica y que Landry comprende su importancia “esencial” para la seguridad nacional. Aunque la anexión es rechazada por la población groenlandesa, el pulso entre las potencias por la influencia en el Ártico se ha intensificado, convirtiendo a la isla en un tablero clave del equilibrio de poder global.