Este enfoque ha sido interpretado como un abandono del multilateralismo y del orden internacional basado en reglas, que el propio Estados Unidos ayudó a construir tras la Segunda Guerra Mundial. Analistas señalan que este viraje hacia un uso más directo de la fuerza y la priorización de intereses nacionales sobre las normas compartidas representa el fin de un ciclo de 80 años en la política mundial, con Washington ahora liderando el desmonte del sistema que antes garantizaba.