Esta reclasificación tiene implicaciones significativas en la política exterior.

El congresista Carlos Giménez respaldó la medida, utilizándola para señalar directamente a México. Según Giménez, llamar "WMD" al fentanilo "reconfigura el marco desde salud pública y crimen organizado hacia la excepcionalidad de la guerra".

En esta lógica, México deja de ser un socio para convertirse en un "responsable preferente" y un "territorio de cárteles". Este encuadre busca legitimar políticamente el endurecimiento de posiciones y justificar una agenda de mayor presión sobre países vecinos, convirtiendo el problema en un "parte de guerra" en lugar de abordarlo desde la cooperación y la salud pública.