Esta declaración elevó significativamente la tensión diplomática entre los dos países y evidenció el riesgo de que la crisis con Venezuela se extienda a sus vecinos. La amenaza de Trump se produjo en un contexto de crecientes críticas de Washington hacia la política antidrogas de Colombia.
Al ser consultado por la prensa sobre una posible conversación con Petro, Trump descartó la idea, argumentando que el mandatario colombiano “ha sido bastante hostil con Estados Unidos”.
Acto seguido, añadió: “Espero que me esté escuchando.
Será el siguiente”, en una clara alusión a la campaña de presión que su gobierno ejerce sobre Nicolás Maduro.
Trump también mencionó que Colombia está “produciendo mucha droga” y que Petro “va a tener grandes problemas si no se da cuenta”.
La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, respaldó la postura del presidente, afirmando que Petro “ha estado diciendo cosas muy alarmantes y francamente insultantes hacia Estados Unidos, y al presidente no le gusta”. Estas declaraciones se suman a la amenaza previa de Trump de que las operaciones militares terrestres contra el narcotráfico no se limitarían a Venezuela, e incluyó a Colombia como uno de los principales productores de droga en el continente. La respuesta de Petro fue calificar a Trump de “un hombre muy desinformado de Colombia”, lo que refleja la profunda brecha que se ha abierto entre los dos gobiernos.













