Este enfoque ha sido interpretado como una respuesta directa al creciente intercambio comercial de América Latina con China, que en 2024 alcanzó los 518 mil millones de dólares, consolidando al gigante asiático como un socio irremplazable para muchos países del área. La reactivación de esta política imperialista plantea un escenario de mayor presión y potencial confrontación en el continente.