Según informes, Hegseth consideraba que Holsey no estaba siendo lo suficientemente agresivo frente a las amenazas marítimas en la región.
En contraste, altos oficiales del Comando Sur, incluyendo a Holsey, habían expresado su preocupación por la legitimidad jurídica de los ataques a embarcaciones, temiendo que estas acciones violaran el derecho internacional. El punto más crítico ocurrió en una reunión en el Pentágono en octubre, donde Holsey habría ofrecido su renuncia. Su salida se postergó hasta diciembre, pero se enmarca en una serie de retiros de altos mandos militares durante el año. Holsey fue reemplazado de manera inmediata por su segundo al mando, el teniente general Evan Pettus.
La controversia se agravó por la presión de legisladores y organismos internacionales como la CIDH y la ONU, que han alertado sobre el uso de fuerza letal y posibles "ejecuciones extrajudiciales" en estas operaciones, que han dejado más de 80 muertos desde septiembre. En su discurso de retiro, Holsey se centró en el liderazgo humano, destacando la importancia de actuar con valentía y tratar a las personas con dignidad.













