El programa, presentado como una versión mejorada de la tradicional "Green Card", busca atraer "talentos mundiales" y generar ingresos para el gobierno. Para aplicar, los interesados deben pagar una tasa no reembolsable de 15,000 dólares y, una vez aprobados, realizar una "contribución" de un millón de dólares.
Según el gobierno, este pago demuestra que el individuo "beneficiará sustancialmente a Estados Unidos".
La "Gold Card" reemplaza al programa de inversionistas EB-5, pero a diferencia de este, no exige la creación de empleos como requisito principal. La administración también presentó una "Platinum Card", con un costo de cinco millones de dólares, que permitiría a los extranjeros residir en EE.
UU. hasta nueve meses al año sin pagar impuestos sobre sus ingresos obtenidos en el extranjero.
La medida ha sido criticada por demócratas y defensores de los derechos de los inmigrantes, quienes argumentan que crea un sistema de dos niveles donde la riqueza prevalece sobre el mérito o las consideraciones humanitarias. El lanzamiento ocurre en un contexto de fuerte represión migratoria, lo que resalta el contraste entre las políticas restrictivas para la mayoría y esta vía exclusiva para la élite mundial.













