Ahora, la región es mencionada 25 veces, casi a la par de China (26). El objetivo central es "restaurar la preeminencia estadounidense" en la región, negando a "competidores no hemisféricos" la capacidad de posicionar fuerzas o controlar "activos estratégicamente vitales", como puertos e infraestructura clave. Esta política busca asegurar las cadenas de suministro y frenar la migración irregular, que Trump describe como "invasiones". La narrativa de la estrategia presenta a Estados Unidos como una víctima del orden liberal global, argumentando que China se enriqueció a su costa y que sus aliados no pagan lo que deben.

Este discurso victimista, según analistas, reorganiza la "rabia doméstica hacia afuera", convirtiendo al mundo en una metáfora de las fracturas internas del país. La implementación de esta doctrina ya se evidencia en la creciente presión militar y económica sobre Venezuela y las advertencias a otros gobiernos de la región que busquen políticas soberanas.