La nueva ESS marca un cambio fundamental respecto a documentos anteriores, donde el “hemisferio occidental” ocupaba un lugar secundario.
Ahora, la región es mencionada 25 veces, casi a la par de China y Europa, y es calificada como la más importante para la seguridad nacional estadounidense. El documento establece que Washington debe “restaurar la preeminencia estadounidense en el ‘Hemisferio Occidental’” y se compromete a negar a “competidores no hemisféricos”, en clara alusión a China, Rusia e Irán, la capacidad de posicionar fuerzas o controlar activos estratégicos. Según el texto, la ayuda de EE. UU. a los países de la región estará condicionada a la “reducción de la influencia externa adversaria”. El objetivo es asegurar las cadenas de suministro, controlar la migración irregular y replantear la presencia militar en la zona. Analistas como Atilio A. Boron señalan que esta estrategia responde a la “declinación del poderío de Estados Unidos” y al ascenso de un sistema multipolar, lo que lleva al imperio a “apretar las clavijas en su reserva estratégica”. La implementación de esta doctrina se enfrenta a la realidad económica, dado que China se ha convertido en un socio comercial irremplazable para la mayoría de los países latinoamericanos, con un intercambio comercial que superó los 500 mil millones de dólares en el último año.










