Presentada como una versión mejorada de la 'green card', la Gold Card busca, según el presidente Trump, atraer “talentos mundiales” y generar ingresos para el gobierno federal. El proceso de solicitud requiere una tasa no reembolsable de 15.000 dólares y, tras la aprobación, una contribución de un millón de dólares que, según la administración, demuestra que el individuo “beneficiará sustancialmente a Estados Unidos”. A diferencia del programa EB-5, que exigía la creación de al menos 10 empleos, la Gold Card no se centra en la generación de trabajo, sino en un pago directo. El proceso de verificación promete ser rápido, tomando solo unas semanas en la mayoría de los casos. Además, se habilitó una versión corporativa que requiere una contribución de dos millones de dólares por cada empleado extranjero patrocinado. La administración también presentó la “Platinum Card”, una opción aún más exclusiva de cinco millones de dólares que permitiría residir en el país hasta nueve meses al año sin pagar impuestos sobre ingresos obtenidos en el extranjero. Críticos, incluyendo demócratas, argumentan que la medida crea un “sistema de inmigración de dos niveles” donde la riqueza prevalece sobre el mérito o las consideraciones humanitarias, y cuestionan la autoridad legal de la administración para reemplazar el programa EB-5 sin la aprobación del Congreso.