Estas declaraciones, alineadas con su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, han generado nuevas tensiones en la relación transatlántica.

En una entrevista reciente, Trump calificó a Europa como una región “en decadencia y autodestructiva”, y criticó a sus líderes por su “debilidad” y sus “intentos de ser políticamente correctos”. Estos comentarios se hacen eco del lenguaje utilizado en el documento de 33 páginas de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que también señala a Europa como un desafío a abordar. La estrategia critica específicamente las políticas migratorias europeas, advirtiendo que ponen en peligro su “cultura ancestral y valores propios” ante la presencia de culturas que le son “extrañas”, en una clara alusión a la población musulmana. A pesar de su retórica crítica, Trump también hizo afirmaciones jactanciosas sobre su influencia, llegando a decir: “La Otan me llama papá”, mientras al mismo tiempo describía a las naciones aliadas como si se estuvieran “desintegrando”.

Estas declaraciones han sido mal recibidas en el continente, donde algunos responsables políticos han denunciado una “amenaza de injerencia” por parte de Washington y han expresado su inquietud por el tono despectivo del presidente estadounidense.