Estos comentarios, alineados con su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, han generado nuevas tensiones en la relación transatlántica. En una entrevista reciente, Trump criticó a la Unión Europea por su "debilidad" e "intentos de ser políticamente correctos", y afirmó que la región está "en decadencia y autodestructiva". Estas opiniones se reflejan en el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de su administración, que dedica una sección a Europa. En dicho texto, se emplaza al continente a cambiar sus políticas de inmigración ante el supuesto peligro de que su "cultura ancestral y valores propios, desaparezcan ante unos que le son extraños", en una clara alusión a la presencia musulmana. La retórica de Trump contrasta fuertemente con la visión de administraciones anteriores que consideraban a Europa un aliado fundamental. Mientras los líderes europeos denuncian una "amenaza de injerencia" por parte de Washington, el Kremlin ha acogido favorablemente la nueva estrategia estadounidense, considerándola "globalmente conforme" a la visión de Moscú. Este distanciamiento de sus aliados tradicionales y su lenguaje confrontacional marcan un cambio significativo en la política exterior estadounidense, que parece priorizar una visión de "realismo flexible" y un enfoque introspectivo centrado en la defensa del territorio estadounidense por encima de las alianzas históricas.