Esta escalada retórica se produce en un contexto de creciente presión militar y económica sobre el gobierno de Nicolás Maduro, a quien Trump ha dicho que tiene "los días contados".

La advertencia surgió durante una rueda de prensa cuando un periodista preguntó si la campaña contra Venezuela era solo sobre drogas o también sobre petróleo. Trump respondió que se trataba de "muchas cosas", pero centró su justificación en la migración irregular, acusando a Venezuela de permitir que "millones de personas entren a nuestro país desde sus prisiones, desde pandillas, desde traficantes de drogas y desde instituciones mentales". Mencionó específicamente a la pandilla "Tren de Aragua", a la que describió como "la más violenta".

Tras destacar el éxito de las operaciones marítimas, que según él han reducido el tráfico de drogas en un 92 %, Trump declaró: "Y vamos a empezar eso en tierra, también. Va a empezar en tierra muy pronto".

Esta amenaza de una intervención terrestre representa un paso más allá de las acciones actuales, que incluyen el despliegue naval en el Caribe, los bombardeos a embarcaciones y la incautación de un petrolero. La retórica de Trump ha reactivado los temores históricos de intervención militar estadounidense en la región, una posibilidad que no ha sido descartada por su administración en su objetivo de forzar un cambio de régimen en Caracas.