El programa, concebido por el presidente Trump, busca atraer "talentos mundiales" y generar ingresos sustanciales para el gobierno.
Para aplicar, los interesados deben pagar una tarifa no reembolsable de 15.000 dólares y, tras una evaluación de antecedentes, realizar una "contribución" de un millón de dólares. A cambio, obtienen un estatus de residente permanente de forma acelerada, en un proceso que tomaría solo unas pocas semanas. La "Gold Card" reemplaza al programa de inversionistas EB-5, pero elimina el requisito de creación de empleos. Según el secretario de Comercio, Howard Lutnick, la nueva tarjeta es una herramienta "mucho más poderosa" que las 'green cards' tradicionales, criticando que las vías existentes admiten con frecuencia a inmigrantes "de bajos ingresos". La administración también presentó una "Platinum Card" de cinco millones de dólares, que ofrecería privilegios fiscales adicionales. La iniciativa ha sido criticada por demócratas y defensores de los derechos de los inmigrantes, quienes argumentan que crea un "sistema de inmigración de dos niveles en el que la riqueza tiene precedencia sobre las necesidades, los méritos o las consideraciones humanitarias". También han surgido dudas sobre la autoridad legal de la administración para modificar drásticamente el programa EB-5 sin la aprobación del Congreso.













