Al ser cuestionado sobre si consideraría desplegar los mismos métodos utilizados en el Caribe en México y Colombia, Trump respondió enfáticamente: “Sí lo haría, seguro lo haría”.

Justificó esta postura argumentando que estos países tienen una participación significativa en el tráfico de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos.

La reacción en Colombia fue inmediata y contundente.

El gobierno colombiano expresó su "profunda preocupación" y reiteró su rechazo a cualquier insinuación de uso de la fuerza en su territorio.

El presidente Gustavo Petro advirtió que estas amenazas podrían ser interpretadas como una "declaración de guerra" y podrían "despertar al jaguar".

Por su parte, el exembajador de EE.

UU. en Colombia, Kevin Whitaker, intentó matizar las declaraciones, sugiriendo que corresponden más a una "estrategia política y a un recurso retórico" que a una intención real, y recordó que un despliegue de tropas terrestres requeriría autorización del Congreso estadounidense.

No obstante, la amenaza ha sido tomada en serio y ha tensado las relaciones bilaterales.