La administración Trump ha impulsado una propuesta de paz para poner fin al conflicto en Ucrania, pero la iniciativa se ha topado con la aparente indiferencia del gobierno ucraniano y un complejo panorama diplomático. Los esfuerzos de Washington por mediar en el conflicto más mortífero de Europa desde la Segunda Guerra Mundial se han convertido en un objetivo central, aunque esquivo, de la presidencia de Trump. El presidente estadounidense expresó públicamente su decepción por el hecho de que su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, aún no hubiera leído la propuesta de paz de Washington, presentada tres semanas antes.
Esta declaración se produjo tras negociaciones en Miami entre autoridades de ambos países que concluyeron sin avances.
Para impulsar el plan, Trump ha desplegado a sus enviados especiales, Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes se reunieron con el presidente ruso Vladímir Putin en Moscú antes de encontrarse con el negociador ucraniano en Florida.
A pesar de estos movimientos, la desconfianza persiste.
Un artículo señala que Estados Unidos pidió a Europa que se opusiera a un plan de préstamo para Ucrania, indicando posibles desacuerdos sobre la estrategia a seguir.
Además, Donald Trump Jr.
afirmó que los ciudadanos estadounidenses ya no están interesados en seguir financiando a Ucrania. El propio presidente Trump ha criticado a los aliados europeos, afirmando que "se están desintegrando", y ha señalado que Rusia se encuentra en una posición de mayor fortaleza en el conflicto.
En resumenEl plan de paz de Trump para Ucrania se encuentra en una fase delicada, obstaculizado por la falta de compromiso aparente de Kiev y un entorno diplomático complejo. Mientras la Casa Blanca presiona por un acuerdo, las críticas a los aliados europeos y las dudas sobre el apoyo financiero a largo plazo reflejan las dificultades para alcanzar una solución duradera al conflicto.