Hernández había sido condenado por traficar 400 toneladas de cocaína a Estados Unidos durante sus ocho años como presidente.

El indulto se enmarca en la intervención de Trump en las elecciones presidenciales de Honduras, donde apoya públicamente al candidato ultraconservador Nasry Asfura, del mismo partido que Hernández. Tras conocerse la noticia, el expresidente hondureño agradeció a Trump afirmando: “Me cambió la vida”. La medida es ampliamente percibida como una contradicción directa con la justificación principal de la administración Trump para su agresiva campaña militar en el Caribe y sus amenazas contra otros países de la región. Varios análisis señalan que el perdón presidencial socava el mensaje de “mano dura” contra el narcotráfico y evidencia un uso político de la justicia para favorecer a regímenes dóciles a los intereses de Washington. La decisión de Trump también coloca en una posición incómoda a uno de sus colaboradores, el exfiscal Emil Bove III, quien había liderado el caso contra Hernández y ahora debe alinearse con el juicio de su antiguo jefe.