La estrategia antidrogas de la administración Trump se ha materializado en una serie de ataques letales contra presuntas 'narcolanchas' en el Caribe y el Pacífico, generando una fuerte controversia sobre su legalidad y el respeto a los derechos humanos. Estas acciones, parte de la operación militar "Lanza del Sur", han dejado un saldo de más de 80 personas muertas. Desde septiembre, se han reportado más de 20 ataques contra embarcaciones, de las cuales, según un informe, el 70% habrían zarpado de Colombia. Medios como The Washington Post han mapeado estas operaciones, identificando bombardeos cerca de Buenaventura y frente a las costas de Venezuela.
La polémica escaló tras revelarse un incidente del 2 de septiembre en el que se habría ordenado un segundo ataque para eliminar a dos sobrevivientes de un bombardeo inicial, lo que la Casa Blanca defendió como una acción "legal y necesaria".
Sin embargo, estas operaciones han sido duramente criticadas.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, las calificó como "ejecuciones extrajudiciales", y expertos de las Naciones Unidas han advertido que podrían constituir crímenes internacionales, ya que se realizan sin un proceso judicial.
La familia de un pescador colombiano fallecido en uno de estos ataques ha presentado una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A pesar del escrutinio y las acusaciones de ser asesinatos y crímenes de guerra por parte de congresistas en EE.
UU., la administración Trump y el Pentágono han defendido la ofensiva, asegurando que los objetivos son "narcoterroristas" y que las acciones son cruciales para la seguridad nacional.
En resumenLa campaña de bombardeos de EE. UU. contra supuestas 'narcolanchas' ha resultado en decenas de muertes, provocando acusaciones de ejecuciones extrajudiciales y crímenes de guerra por parte de líderes regionales y organismos internacionales, mientras la Casa Blanca insiste en la legalidad y necesidad de dichas operaciones.